sábado, 3 de mayo de 2008

Haru Wo Daiteita III


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Vayamos al grano. La serie fue un éxito y aparte de darme la satisfacción de la fama, el dinero y miles de fans…tuve como premio el corazón de Iwaki. No sé como lo logré pero fue mío. Los celos a partir de ese instante crecían. Los rasgos maduros y juveniles de su rostro enloquecían a todas y a todos, un gran problema para mi autoestima que se sentía dañada. Como un niño me colgaba de él y le hacía prometer absurdas premisas. Se puede decir que me convertí en un caprichoso a su lado y él dejó su frialdad, al menos en soledad. Es alguien dulce, atento y siempre sabe buscar ese pequeño detalle que me llena de vida. Por eso creo que es tan jodidamente mono.

A su lado he hecho una película que nos hizo saltar a la fama mundial. Nos hemos casado, sí casado. Ahora se puede decir que mi flamante maridito es codiciado, pero está atado con grilletes a mis encantos. Es mío, y mataré a quien se acerque a él. A veces dice que va a colocarse una camiseta que diga “cuidado mi novio muerde”. La verdad es que le agobio demasiado, pero no parece afectarle. Me trata como un niño, aunque soy más joven e irresponsable e madurado. Adoro besar sus labios en medio de la noche y acomodarme sobre su torso.

No quiero olvidar que le presenté a mi familia al completo, al principio reticente pero luego lo aceptaron. El peor trago para mí, fue conocer a su hermano y sus compromisos con su padre. Me hicieron temblar y pensar que todo se iba a la mierda, sin embargo no fue así y nuestra relación se afianzó.

Se puede decir que hemos hecho nuevas amistades, amigos del trabajo y el director de Haru Wo Daiteita ahora es un compañero de confesiones. Hace poco nos hizo una bastante interesante, no es un hombre aunque su sexo sea ese. La verdad es que yo ya lo suponía.

-Fin de cavilaciones, empieza la realidad para ambos protagonistas-

-Qué demonios haces.-Iwaki entró en la habitación y me quitó la hoja. Comenzó a leerla y sonrió levemente.-Así que eres un mocoso en mis manos, que ironía y se supone que tú eres el que tienes que llevar las riendas en la cama.-se encogió de hombros y sonrió.-Te dejo porque me da miedo a hacerte daño, sin embargo algún día ese miedo desaparecerá y tu culo se echará a temblar.-le devolvió la hoja y se sentó a su lado.

-¿Por qué tienes que ser así?-a las palabras de su amante tan sólo pudo hacer un pequeño puchero, sacar morros y mirarle como si fuese un dios. No había remedio para que Katou se comportara como alguien decente, como alguien con un poco de madurez.

-Porque soy tu padre ¿no?-el tono era burlón, pero a la vez lleno de cariño. Tiró de él y lo acurrucó en su pecho, estrechándolo con pura necesidad de contacto.

-Eres mi padre en ocasiones, siempre me reprendes.-susurra con sus labios próximos a su cuello.

-Porque jamás cambiarás, si bien es lo que me gusta de ti. Tienes un toque impulsivo que me desquicia.-ese moreno impresionante de facciones frías y a la vez vulnerables comenzó a atrapar a su presa, atraparlo entre sus manos como si fueran garras.

-Por cosas como estas, ¿no es así?-murmura acariciando la entrepierna de su amante con su mano derecha, deslizándola sutilmente desde el borde del pantalón hasta el punto exacto donde se encontraban sus testículos. Sus dedos eran precisos, su rostro lleno de picardía y su voz pura sensualidad.

-Sí.-susurra excitado ante las caricias brindadas por su pareja.

-Vayamos a la cama, Iwaki.-comenta besando el cuello, lamiéndolo para después morderlo.

-Fin de la realidad-

Fui a visitar a mi amiga la impresentable y estrambótica novelista, la que nos unió en su día a ambos. Toqué el timbre y me invitó a pasar, al sentarnos en el sofá yo tan sólo podía radiar con luz propia.

-¿Qué sucedió?-preguntó algo extrañada mientras Yukihito terminaba sus tareas.

-Sawa no te puedes imaginar lo que sucedió el otro día, seguí tu consejo de plasmar los hechos de estos últimos tiempos. Quería reflexionar y apareció Iwaki como de la nada, comenzó a leer todo lo que había dejado escrito y no sé como pero terminamos en la cama. Joder, ¿Cuánto tiempo llevamos juntos? ¿Tres años? Pues te puedo asegurar que ha sido el mejor polvo de mi vida.-me miró de reojo y sacó un bloc de notas, mordisqueó un poco el lapicero dejando rastro de su carmín rojo pasión.

-Continua, esto puede ser efectivo para alguna de mis novelas. No te cortes, dame todos los detalles.-por poco no la maté en ese instante, pero me dio exactamente igual. Quería darle un poco de envidia por tener un amante como aquel.

-Ya sabes como es Iwaki, salvo en contadas excepciones saca la fiera que hay en su interior. Es decir, quiso ser activo y al final acabamos con una noche desquiciante. No sé cuantas veces lo hicimos, aunque te puedo contar nuestros preliminares y que ambos terminamos intercambiamos roles en un par de ocasiones.-parecía que me habían dado cuerda, no paraba de hablar y ella tan sólo escribía a la velocidad de la luz. Su mirada pervertida se imaginaba la escena, de eso estaba seguro, y su nerviosismo aumentaba.-Sawa.-mascullé.

-¿Sí?-dijo con un tono de emoción.

-Nada.-iba a pedirle que no se imaginara a mi esposo desnudo, pero en fin ella lo había visto en varias ocasiones sin apenas ropa.

-Prosigue, no te cortes.-sabía que estaba a punto de darle un colapso nervioso.

-Veamos.-hice el gesto de meditar, me acomodé en el sofá y eché mis brazos hacia atrás.

Vino a ver qué hacía, estaba demasiado callado y le alarmó. Leyó el papel y se mofó dulcemente de lo que había puesto en él, después comenzamos con un juego bastante peculiar. Al caer sobre la cama él se recostó sobre mí, acaparándome y quitándome el aire de los pulmones con un beso demasiado apasionado. Su lengua recorrió cada fracción de mi boca, rozó mis dientes con los suyos mientras mordía mi labio inferior. Parecía otro, uno violento, algo parecido a un semental. Colocó sus manos en mis caderas alzándolas un poco, mis piernas inconscientemente se enredaron en su cuerpo estrechándolo y su aliento cayó sobre mi cuello. Mordiscos, una y otra vez, junto a chupetones. Aquello parecía una zona de guerra, lleno de pequeñas marcas que como ves aún están en su lugar.

Se apartó y se deshizo de su camisa blanca, su torso está cada vez mejor formado y sus cabellos se deslizaron hacia su frente. Comenzó a deslizar sus manos por mi vientre, bajo mi camiseta, y llegó a mis pezones pellizcándolos. Sus caderas se movieron, rozando su entrepierna con mis nalgas. Gemí, sí creo que lo hice, al notar aquel contacto tan especial y candente. Con maestría desabrochó mis vaqueros y soltó mi correa, la desprendió de mi cintura y la pasó por mi cuello tirando de mí, haciendo que me incorporara. Le miré sin saber bien como reaccionar, sin embargo le besé. Después tiró la correa a un lado de la habitación y se apartó de mi cuerpo, con un movimiento impulsivo me quitó los pantalones junto a los boxer.

Aquella bestia no podía ser él, pero lo era. Me quedé inmóvil y deseoso de que prosiguiera. Me tiró del brazo derecho, me rompió la camiseta e inició juegos sobre mi vientre. Su lengua se paseaba por mi piel como si fuera una prolongación de esta. Mis pezones quedaron a merced de sus dientes y sus caprichos. Cuando creí que su boca atraparía mi miembro noté como se sentaba en la cama, se bajaba la cremallera y se sacaba el suyo. Me hizo caer sobre sus piernas y deslizar la mía sobre su extensión. Primero besé la punta, la lamí y adentré luego todo entre mis labios. Llegué a la base porque él empujó mi cabeza con un ritmo de caderas, sus manos en mi nuca y mi necesidad. Sus testículos chocaron con mi barbilla y boca, era impresionante ver como de alguna manera me domesticaba.

Todo iba bien, mi excitación continuaba creciendo hasta que noté sus dedos deslizarse por mi entrada. Quise gritar de placer, pero su gran porte me evitaba hacerlo. Estaba acomodando mi interior para embestirme. Cuando me quise dar cuenta estaba boca a bajo en la cama, agarrado a la madera del cabezal, con él posicionándose en mi entrada y con unos deseos terrible de que lo hiciera. Jadeaba necesitado y él lo sabía, se dedicó a pasarla por mis nalgas alargando el momento. Me iba a quejar, pero entró fiero y me arrebató el aliento, junto a mis palabras de súplica. Entró una y otra vez, cada vez la fricción de ambos cuerpos era más patente. Notaba aquellas venas sobre su miembro, aquel calor de su sexo, hasta que su esencia se vertió entre gemidos de ambos. Yo dejé que la mía cayera sobre las sábanas y caí agotado al colchón.

Él emergió de mí, me miró con una sonrisa y se desnudó del todo. Estaba boca arriba y su boca se alojó rápidamente en mi miembro. Lamía los restos que quedaban, con gula, y pasaba lentamente su lengua por la extensión. Avivó rápidamente mis deseos y quedé duro frente a él.

Sin preparación alguna se subió en mi vientre e inició roces con mi sexo, roces con las paredes que dividían su trasero. Se relamió los labios y clavó sus uñas sobre mis pectorales, era un Iwaki ansioso y dominante hasta en ese punto. Gemía con un velo de placer en su mirada, no estaba saciado en absoluto. Comenzó a metérsela y los movimientos que realizó fueron terribles. Clamé al techo su nombre, le agarré de las caderas y finalicé por verterme de nuevo, esta vez en su interior.

-Para por dios.-las palabras de Sawa me apartaron del relato.

-¿Qué?-pregunté.

-Me das envidia, Yukihito últimamente apenas me toca porque sus estudios le absorben.-murmuró roja y excitada.

-Está bien.-miré el reloj y sonreí.-Iwaki ya debe estar en casa, me tengo que ir.-comenté levantándome.

-De acuerdo, nos vemos mañana los cuatro para tomar un café.-dijo con una sonrisa dejando en el sofá la libreta.

-Hasta mañana.-me despedí y me guió hasta la puerta.

La verdad es que jamás pensé que mi marido fuera así, aún guardaba sorpresas y alicientes para que nuestras relaciones sexuales fueran excitantes. No había nadie en este jodido mundo que me alejara de él, que me hicieran ver hermoso a otro ser. Él era perfecto, él era diferente. No tenía que hacer un pequeño texto de recordatorio de todo lo bueno e importante que sucedió en mi vida, pues todo lo que me importaba en este tiempo y que culminaba de principio a fin era él.

1 comentario:

Ardaleth dijo...

Hola!

Gracias por el comentario, de entrometido nada... apenas sé nada de finanzas, lo justo como para saber que eso, un 25% TAE en un crédito es una barbaridad ^^

Por cierto, interesante lugar... me dejo recomendar yaoi, que siempre estoy abierta a nuevas sugerencias :p

Me iré pasando... saludos!

{Iwaki and Katou} <3 [Tócame]

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